sábado, setiembre 02, 2006

Shaqsha Tayta Mayo

por Edgar Norabuena



Te pones los cascabeles y te ciñes la corona de plumas coloridas; estás listo.

No te importa la sangre que chorrea por tu frente, ni las inexplicables heridas que descubres en tu cuerpo; solo quieres bailar y brincas al son de los tambores y quenas, tan ligero como un alma luminosa.

La calle bulle repleta de gente, pirueteas vestido de blanco plateado y truenas tu chicote.

Ahora ves a tus tíos, a tus abuelos y hasta a tu padre que han venido desde el más allá para verte bailar de Caporal.

Mañana habrá contrapunteo, Antonio y Pascual competirán para ser Caporal. Es mi deseo, sentenció el Mayoral.

En la prueba de danza, ambos trotaron y piruetearon hasta que el sudor mermó el polvo del patio. Luego, comenzaron a beber chicha.

El sol era joven, sus rayos penetraban la carne de aquellos que antes fueron compañeros de colegio, y que ahora, se disputaban el puesto de Caporal.

Estrellaron sus cabezas contra el piso, un gran bullicio se armó entre los testigos. Antonio estaba más ebrio y cayó fulminado en la tercera prueba; la de resistencia.

Pascual fue ceñido con la corona multicolor, era el nuevo Caporal y ahora debía purificar su alma rezando. Antonio, derrotado, salió tropezando ante el brindis de los asistentes para festejar al nuevo Caporal.

Cayó la tarde, los demás terminaron de alistar los trajes y los cascabeles para la prueba de mañana. Era tradición que la Shaqsha de Taita Mayo gane a los visitantes; si no, ese año las cosechas serían atroces.

Saliste tropezando, tuve que acompañarte, al cruzar la carretera, ni cuenta nos dimos de que venía un camión choclero desde Carhuaz, me tapé la vista, horrorizado, por lo que nos iba a suceder. Felizmente, nada pasó.

Vamos a tomar, caray, para que se pase mi cólera, me dijiste. Como tu hermano menor, te hice caso, nos fuimos al "Sietepatadas" y estuvimos allí hasta no sé qué hora, bebiendo jarras y jarras de chicha.

Al salir, la luna estaba muy grande, las estrellas bien cerquitas, al verlas, me asusté. Creo que estamos muertos, murmuré bromeando. Tú, ni caso me hiciste. Vamos por Wilcahuaín, escupiste ya ebrio. No sé cómo, pero llegamos rapidito, sacaste coca y comenzamos a chaqchar.



Creo que lo soñé. Cuando desperté, Papá estaba conmigo y me dijo que te habías ido como Caporal al contrapunteo. Me alegré mucho, pero luego pensé, ¿y Pascual?; de pronto, un funesto presentimiento electrizó mi cuerpo. ¿Papá?, ¿cuándo has llegado?, ¿no habías muerto cuando estábamos todavía chiquititos en el Sismo del 70? Papá sonrió, dio media vuelta y se fue por la empedrada calle José Olaya.

Cuando llegué a casa, mamá lloraba, clamaba por sus hijos, la abracé diciéndole que estábamos bien; pero ya ni me vio.

Poco después, vi a Pascual bailando como Caporal de los Tayta Mayo.

Todo esto me pareció, demasiado raro, tardé días para darme cuenta de que mi hermano y yo, en realidad, no logramos cruzar la carretera aquella siniestra tarde.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

FElicitaciones, un relato muy interesante y conmovedor

Anónimo dijo...

Me gustó mucho el relato, creo que expresa de manera muy au´téntica el mundo del ande, y su cosmovisión de la vida y la muerte, además la forma de narrar es mágica y profunda.
Roxana Ghiglino.

Anónimo dijo...

me gustó leer de nuevo a este gran poeta y escritor que es eDGAR